David Bastidas es graduado de la carrera de Administración de Empresas (2008-2012), de la Facultad de Ciencias Empresariales, sede Buenos Aires. Actualmente, trabaja en Google Inc. en Mountain View, California, diseñando, ejecutando y administrando proyectos para el área de ingeniería de Google Maps, con dos grandes objetivos en mente: representar a todos los establecimientos del mundo en el mapa y tener información de excelente calidad para cada uno de ellos.

Davo, como lo apodan sus amigos, es ecuatoriano pero cuenta que cuando habla piensan que es del interior argentino. Se define como “un profesional perseverante, un apasionado de la ejecución, un hijo/hermano/amigo afortunado o un buen carrilero izquierdo, al que le gusta la comida mexicana, el fernet, el karaoke y jugar fútbol once en pasto”.

Al finalizar la carrera de Administración de Empresas, comenzó a trabajar en Google Argentina en un “entry-level job” dando soporte de Google AdWords a clientes de pequeñas y medianas empresas.

Con el tiempo, fue sorteando nuevos retos, hasta que emigró a México para desempeñarse como director de un programa de Geo Data, donde trabajó en mejorar la calidad de la información de los puntos de referencia que aparecen en Google Maps.

“Una vez adentro de la compañía, depende de cada uno el cómo formarse más y qué camino seguir para moverse hacia otras áreas de interés. Lo que a mí me gustaba eran las operaciones; es así que fui pidiendo y aceptando oportunidades en esa línea para aplicar mis conocimientos, pero sobre todo, para aprender. Tuve y sigo teniendo mucha gente que decidió confiar en mí y darme una oportunidad, gente que se jugó y me ayudó a ir creciendo”, explica David.

Actualmente, trabaja en Estados Unidos como gerente de operaciones de GeoData, manejando equipos y proyectos, con el objetivo de mejorar la calidad y cobertura de negocios en Google Maps.

¿Qué es lo que más te gusta de tu trabajo?

Estar rodeado de gente súper capaz y culturalmente diversa. La cultura de apertura y confianza en los empleados. Tener acceso y ser parte de los desarrollos más innovadores del mundo de la tecnología, lo que todavía no se enseña en las escuelas de ingeniería, lo que está cambiando el mercado.

¿Qué es lo más importante que sentís que te dio la FCE para la vida y para tu perfil profesional?

Mis amigos, de esos que invitás a tu casa a cenar con tus viejos. El papel de la universidad en esto no es cosa menor: el ambiente de la Austral y el que había con los directivos de la FCE siempre facilitó relaciones más personales, más profundas. Belén siempre fue “Belén”, no “la directora de la carrera”, Silvia siempre fue “Silvia”.

Y el nivel académico, obvio. Después de un par de años de no haber abierto un libro de Costos, por supuesto que lo tenés que desempolvar y refrescar ciertas cosas, pero siempre me sentí sólido en mi ejercicio profesional; con mil cosas que aprender pero con una buena base. Y eso es tan cierto para mí como sé que lo es para mis compañeros. Yo digo que estudié en la Austral con orgullo, la gente sabe que nos formaron bien. Hay mérito en las dos partes.

¿Cuáles son tus proyectos a futuro?

El mediano plazo es un triángulo de las bermudas, pero tengo el siguiente norte a largo plazo: 1) La tecnología como un habilitador de las relaciones humanas, 2) El acercamiento a la belleza como metodología de desarrollo humano/social, 3) Acceso global a educación de primera calidad.