Por Eduardo Schnitzler, profesor adjunto de Pediatría de la Facultad de Ciencias Biomédicas

Podemos comprender el sufrimiento de una mujer cuando un embarazo no deseado aparece en su vida. Pero la libertad de elegir debe respetarse cuando las acciones comprometen al propio individuo y no cuando afectan a otro ser humano.

Como médico pediatra he dedicado muchos años de mi vida a los cuidados intensivos y me ha tocado compartir el momento donde una madre recibe la noticia más desgarradora como lo es la muerte de un hijo. Y cuando esta es consecuencia de un accidente o enfermedad aguda inesperada, cada rostro, cada mirada y cada grito quedan impregnados para siempre.

Por otro lado, hemos vivido con nuestros colegas obstetras y neonatólogos cambios en la asistencia médica que lograron la sobrevida de prematuros muy extremos. El cambio de perspectiva incluye las Unidades de Medicina Fetal y los cuidados perinatales u obstétricos para embarazos de alto riesgo, donde equipos multidisciplinarios diagnostican, controlan, tratan y cuidan a la madre y al niño en gestación. Aún en aquellos casos donde la muerte es inevitable, existe un enfoque paliativo que ha permitido a muchos padres y madres la oportunidad de ver nacer, ponerle un nombre y acompañar con cariño a ese hijo destinado a vivir sólo unas horas.

¿Puede cambiar esta actitud de cuidado y protección de un hijo? ¿Son los cambios culturales capaces de transformar estas condiciones que han caracterizado a la humanidad desde su existencia? Puede parecer imposible, sin embargo, la humanidad y algunas sociedades en particular han protagonizado o protagonizan estragos en los derechos humanos más elementales. La mutua influencia entre cambios culturales -propios o globales- y las leyes no pueden ser ignoradas.

Podemos comprender el sufrimiento de una mujer cuando un embarazo no deseado aparece en su vida y muchas veces se enfrenta sola a una situación desesperante. El padre no quiere asumir ninguna responsabilidad y desaparece, la familia critica o abandona, ciertos médicos actúan con indiferencia. En el caso de las adolescentes, es la propia familia la que impulsa el aborto en busca de la solución pragmática, la eliminación del “problema”.

Las estadísticas construidas con encuestas o estimaciones pueden tener grandes desvíos. La mortalidad materna en Argentina varía ampliamente según la región del país y no por diferencia en sus leyes, sino por las desigualdades sociales, económicas, educativas y de acceso a una salud de calidad. Son las mismas diferencias que afectan a la mortalidad infantil y a la mortalidad en las principales patologías.

Es indudable que el progreso ha llevado a garantizar los derechos de los delincuentes y violadores, que no dejan de ser personas, aun cometiendo actos inhumanos su vida es respetada. Entonces, ¿por qué restringir o eliminar la garantía de quienes su único delito es vivir?

Salva una vida y salvarás al universo -inscripto en la medalla de los justos y proveniente del Talmud-, sé indiferente a una muerte provocada y poco a poco serás indiferente a muchas otras. La eutanasia y el suicidio asistido se agregarán a lista de pedidos de convalidación legal. Si el derecho a la vida es relativizado, luego lo serán muchos otros.

La libertad de elegir debe respetarse cuando las acciones que comprometen al propio individuo y no cuando afectan a otro ser humano, aunque temporalmente su existencia dependa de él. Toda elección implica consecuencias y responsabilidades. Pueden existir circunstancias o condiciones que justifiquen atenuar la responsabilidad, pero nunca anularla. Caso contrario, entraríamos en el triste camino de la justificación y absolución de cualquier acto independientemente de su naturaleza.

Ante el grito de dolor por la vida perdida de un hijo, sólo cabe el silencio. Ante el intento de validación legal de la muerte planeada, sólo corresponde el grito suplicante que llame a la reflexión. La sabiduría de todos los tiempos y de cualquier creencia clama por respetar la vida, la relativización de ese respeto en relación a su conveniencia, es difícil de aceptar como una manifestación de progreso cultural.

Fuente: Ámbito