Por María Constanza Celano,

Secretaria académica de la Especialización en Enfermería Oncológica

Al menos un tercio de los cánceres, pueden evitarse. Saber esto, nos da suficientes motivos para comenzar a entender que existen factores de riesgo modificables en nuestra vida.

Todos los años, el 4 de febrero, personas, organizaciones y comunidades de todo el mundo expresan colectivamente su apoyo al “Día Mundial contra el Cáncer”. Esta iniciativa, encabezada por la Unión para el Control Internacional del Cáncer (UICC, por sus siglas en inglés), apunta a concientizar a la población sobre la enfermedad, además de pedir a los gobiernos de todo el mundo que tomen medidas.

El cáncer es un problema de salud a nivel mundial, que tiene un impacto emocional muy alto, tanto para la persona que se ve afectada por la enfermedad, como para quienes lo acompañan en el proceso. 9,6 millones de personas mueren de cáncer cada año, lo que la convierte en la segunda causa de muerte en todo el mundo. En Argentina, el número estimado de nuevos casos, en 2018, alcanzó los 129.047, de todos los cánceres y en todas las edades.

¿Por qué es tan importante hablar de cáncer? Porque debemos saber que, al menos un tercio de los cánceres, pueden evitarse. Saber esto, nos da suficientes motivos para comenzar a entender que existen factores de riesgo modificables en nuestra vida, y que conocerlos y trabajar sobre ellos, nos permitirá tomar decisiones saludables y procurar estrategias de prevención para reducir el riesgo de padecer la enfermedad.

A pesar de los progresos que ha logrado la ciencia, tanto en la detección como en la prevención, y de los avances en las distintas modalidades de tratamiento, esta enfermedad provoca mucho miedo, no sólo en la persona que vive con cáncer sino también en quienes lo rodean. La enfermedad oncológica impacta en la vida de la persona, modificando sus actividades diarias, incluso las relaciones familiares y laborales.

Por ser un tema complejo, desata muchas inquietudes que pueden resultar abrumadoras. La persona que fue diagnosticada con cáncer, o aquella que forma parte de su entorno cercano, a veces no sabe cómo procesar las preguntas que pueden surgirle.

El cáncer sigue siendo un tema tabú en algunas culturas; resulta duro e incómodo. Sin embargo, debemos aprender a hablar abiertamente del cáncer, ya que eso nos permitirá aumentar la concientización, mejorar los resultados y salvar vidas.

Hablemos, entonces, sobre qué podemos hacer para prevenirlo: adoptar hábitos de vida saludables; aumentar la ingesta de agua; procurar mantener una actividad física, al menos tres veces por semana; evitar el consumo del tabaco; incrementar la ingesta de frutas, verduras, fibras, carnes magras y pescado; y evitar la exposición al sol, sin el factor de protección solar adecuado. Estas son algunas de las medidas a adoptar y mantener.

Otro punto importante a destacar es, que cuanto antes se diagnostique la enfermedad, mayores son las posibilidades de curación. Por eso, es clave cumplir con los chequeos estipulados, para un diagnóstico temprano de lesiones malignas.

Por último, como enfermera especialista en oncología, aliento a mis colegas a capacitarse y a actualizarse permanentemente en las nuevas modalidades del tratamiento. La persona que vive una experiencia de cáncer necesita cuidados de calidad, pero también ser atendido por profesionales que hayan desarrollado y adquirido las aptitudes para poder satisfacer sus necesidades, y las derivadas de los tratamientos.

Todo ello, sin dejar de lado una visión de cuidado humanizado, que vele por la dignidad de la persona que está viviendo el proceso de la enfermedad, de su familia o de su grupo de apoyo.

Profesionales de la salud bien formados, abiertos al diálogo, al intercambio y a la educación de la población, resultan clave para acortar la brecha de desinformación y avanzar en la reducción del número de muertes prematuras por cáncer.

Fuente: Clarín