Compartimos el testimonio del Esp. Lucas Madrid Páez, graduado de la Facultad de Ciencias Biomédicas.

Actualmente, se encuentra realizando un fellowship en Munich en hospital de la orden de los hermanos de San Juan de Dios, en el área de Geriatría Aguda.

Lucas se graduó en el año 2013; y hace 5 años se insertó en el mundo laboral. “Siempre es un poco vertiginoso salir de casa, diría Tolkien en su novela El Señor de los anillos: ‘Pisas el camino, y si no controlas tus pies, no sabes a donde te pueden llevar’”. Recuerda sus seis años de en la universidad como “toda una aventura” y un desafío personal constante.

Señaló que algunos profesores se convirtieron en sus referentes; y comentó que al tener una personalidad reflexiva tuvo mayor afinidad con aquellos profesores de Antropología y Filosofía. En la actualidad, desde Alemania, sigue recordando con mucho afecto y cariño al Dr. Mariano Asla, cuyas clases tenían una “dinámica especialmente provocadora y desafiante”. Por él fue bautizado “Bernardo”,  y desde entonces este se convirtió en su segundo nombre. “El profesor Asla me llamaba “Bernhard” y creo que luego en la facultad ya nadie supo cuál era mi verdadero nombre”, comentó el especialista.

A su vez, reveló que conoció doctores realmente fascinados por su trabajo y con dedicación absoluta a la ayuda de sus pacientes; y que eso le resultó realmente desafiante en su plano personal. “Luego de haber visto la pasión del titular de la Cátedra Medicina Interna, decidí yo mismo secundar aquel camino. Mi objetivo siempre fue seguir el camino de la Geriatría, también es algo que llevo desde niño en mi sangre”, manifestó Lucas. A continuación, declaró que su facilidad de comunicación con los ancianos hizo que creciera su sueño de acompañarlos en dicha etapa de la vida como médico geriatra. “Hasta tal punto llegaba ese ensimismamiento que mis propios amigos de la Austral me llamaban el “old child” (niño viejo)”, comentó –entre risas.

Lucas no tuvo dudas, tenía una meta muy clara y nada impediría que concrete su sueño. Así fue como inició su especialidad en Medicina Interna en el Hospital San Juan de Dios en Ramos Mejía, un hospital que pertenece a una orden religiosa que lleva 5 siglos de trabajo con los enfermos. “En mi vida siempre me pareció importante unir lo trascendente con lo profesional. La dimensión religiosa del hombre siempre sale a flote cuando se encuentra en una situación de vulnerabilidad. Negarla o dejarla de lado es, a mi modo de ver, una reducción de la medicina a su aspecto meramente científico”, develó Lucas.

Sobre este último aspecto, comentó que la FCB siempre fue un ejemplo claro de educación en la mirada integral de la persona humana. Resaltó que desde el día uno aprendió que el ser humano es carne y espíritu, cuerpo y alma.

Asimismo, comentó que en su residencia se encontró con dos colegas que habían sido alumnos de la FCB, con quienes estableció rápidamente una amistad. Analía Castro fue una de sus compañeras de año;  “Más que compañera era una compinche y una ayuda en los momentos difíciles”. Subrayó que Analía tiene una gran facilidad para aprender y que su inteligencia y pedagogía fueron siempre muy estimulantes; siempre lo incentivaba a aprender más sobre los diversos temas de la Medicina interna. Mientras que su rol era más bien de filósofo y filántropo -trabajo que le resultaba mucho más fácil que el académico. “En ese sentido, nos complementábamos muy bien”, exclamó Lucas. También, se encontró con Fernando Orellana, otro exalumno de la FCB que estaba en su tercer año de residencia. Describió a Fernando como un “personaje afable e inteligente”, oriundo de Luján, que los mantenía muy entretenidos con sus ironías y su alegría espontánea.

Entre los tres conformaban una cofradía “australina” que sin dudas daba que hablar. La facilidad que tenía para captar los temas y leer los artículos en inglés hacía que fueran muchas veces los referentes en el grupo. “También la dedicación verdadera al estudio y al trabajo -legado que habíamos recibido de nuestros años universitarios- nos destacaban en el grupo de residentes”. Luego, Fernando se convirtió en jefe de residentes, como muestra de su deseo constante de superarse y buscar nuevos desafíos.

Al poco tiempo, Lucas también decidió ser jefe de residentes por la misma razón antes expuesta. Comentó que, hoy en día, la jefatura demanda mucho tiempo y sudor y la remuneración no es cuantiosa, por lo que la decisión requiere cierto coraje y renuncia. De todos formas, expresó que “no se arrepiente de nada”.

Llegando al fin de su residencia tuvo la posibilidad de hacer una experiencia laboral en el área que a él le interesara durante 90 días. Fue así como se manifestó su deseo de regresar a Baviera en Alemania, una provincia que tiene un significado muy especial para él, ya que por su lado materno tiene raíces alemanas y ya había estado un par de veces allí. La última vez había transitado sus 5 meses del año práctico en Aschaffenburg, un pueblo en el norte de Baviera en una región que se llama “Baja Franconia”. En esta ocasión, decidió preguntar en un Hospital en Múnich si podía realizar su Fellowship en la estación de Geriatría Aguda; y en seguida recibió una respuesta positiva.

Se encuentra desde inicios de marzo en el hospital “Barmherzige Brüder” (Hermanos misericordiosos) en una zona que se llama Nymphenburg que queda cerca del centro de Múnich, a la vera de un castillo del siglo XVIII que lleva el mismo nombre. Se defiende muy bien con el alemán, tiene un buen manejo y comenta que ahora tiene otro desafío, aprender un poco el “bairisch” que es el dialecto de esta región.

La estación de Geriatría Aguda se dedica a poner de nuevo “en forma” a pacientes mayores de 80 años que por alguna razón tienen que hospitalizarse. El punto neurálgico de la geriatría es la funcionalidad; la edad jamás es un factor delimitante. Se evalúa al paciente en sus diferentes aspectos físicos y funcionales. Para esto, el paciente recibe una terapia multidisciplinaria. En su sector hay un gimnasio con distintos aparatos donde trabajan en conjunto con Fisioterapeutas, Ergoterapeutas (terapistas ocupacionales), Fonoaudiología, Enfermería y Servicio Social.

El objetivo es lograr que el paciente no pierda funcionalidades ni fuerza muscular durante su estadía. “Para esto, el reposo en cama es casi una excepción porque significa pérdida de funciones. El trabajo en equipo es algo que me impacta muy positivamente; todos los martes tenemos reunión de equipo y repasamos paciente por paciente desde todas las áreas”, relató Lucas.

El doctor nos comentó que en Baviera la innovación y la tradición “van de la mano de un modo asombroso”. Declaró con asombro que algunos pacientes piden tomar “Weißbier”, la cerveza ttípica de la región, la cual es elaborada a base de levadura del trigo. “Algunas veces se les concede ese privilegio”, exclamó Lucas.

Para despedirse utilizó la frase “Pfia Gott!” que significa “Qué Dios los cuide”.

Esperamos que les haya gustado el relato de uno de nuestros graduados en el exterior. Sin dudas, un testimonio muy interesante y alentador para nuestros futuros médicos.