Por Verónica Maggio

Directora de la Diplomatura en Trastornos del Lenguaje Infantil desde una perspectiva Neurolingüística, Fac. de Cs. Biomédicas.

Cada año se reciben entre 200 y 300 fonoaudiólogos, una cifra que no alcanza a cubrir los puestos de trabajo que la especialidad demanda. Poca difusión para una carrera que puede crecer en el tiempo.

La Fonoaudiología es la disciplina que se ocupa de la prevención, la evaluación, tratamiento y rehabilitación de los trastornos de la comunicación humana, que pueden comprender alteraciones en la voz, el habla, el lenguaje y la audición, abarcando tanto a la población infantil como a la adulta.

En el último tiempo, se instaló el problema que la demanda profesional ha crecido notablemente y la cantidad de estudiantes interesados en la carrera decreció. Cada año en las universidades nacionales se reciben entre 200 y 300 fonoaudiólogos, para una población aproximada de 42 millones de habitantes. Se desconocen las causas. Probablemente, en parte, se deba a la falta de difusión de la carrera. Las áreas disciplinares que componen la Fonoaudiología son audiología, vocología y foniatría, y neurolingüística.

Los especialistas en audiología se ocupan de la prevención, diagnóstico y tratamiento de los desórdenes de audición a través de la implementación de pruebas audiológicas, y en caso de ser necesario, el equipamiento y rehabilitación de los trastornos auditivos.

Los especialistas en voz se desempeñan dentro del área de la vocología, y se llevan a cabo la detección y el tratamiento de síntomas que alteran el funcionamiento normal vocal. Por último, los especialistas en lenguaje se ocupan de la evaluación e intervención de la patología lingüística tanto en niños como en adultos. Esta área profesional es la conocida como Neurolingüística. Como puede advertirse, el abanico de especialidades incluido en la Fonoaudiología es muy amplio.

Números. De acuerdo con el Censo de 2010, el 24,72% de la población del país es menor de 14 años, es decir, un valor aproximado a 10.382.400 habitantes. Por cálculos de prevalencia de dificultades en el desarrollo (Grañana, 2017) se sabe que entre el 13 y 15% de este grupo etario necesita asistencia fonoaudiológica, en la mayoría de los casos por déficits que alteran la comunicación, el lenguaje y el aprendizaje.

Más allá de la atención de patologías definidas, todo niño recién nacido durante el primer mes de vida debe consultar con un fonoaudiólogo para efectuar un estudio denominado screening audiológico neonatal obligatorio. Según los datos censales, se estima que en nuestro país cada año nacen algo más de 700 mil niños.

En paralelo, en los últimos años la situación profesional en Argentina varió enormemente. En los 90, los fonoaudiólogos recién recibidos pujaban por acceder a las residencias hospitalarias rentadas: en la Ciudad de Buenos Aires existían siete cargos por los que concursaban alrededor de 400 aspirantes. Actualmente, se encuentra disponible el doble de lugares y la cantidad de aspirantes es alrededor de cuarenta.

A modo de ejemplo, los colegas solíamos trabajar gratis durante muchos años en hospitales públicos para adquirir experiencia y práctica, y para tratar de acceder a un trabajo rentado. Hoy en día, esa situación ya no existe. Gran parte de los estudiantes del último año de la carrera consiguen trabajo remunerado antes de terminarla.

Según datos proporcionados por el Colegio de Fonoaudiólogos de la Provincia de Buenos Aires-Regional San Isidro, el Colegio cuenta con 5.500 afiliados en Buenos Aires (se excluye CABA) y, de acuerdo con el último Censo de 2010, la población bonaerense asciende a casi 14 millones de habitantes, lo que equivaldría a un fonoaudiólogo cada 2.500 habitantes. Un número bajo considerando la gran variedad de especialidades que abarca la profesión.

Este escenario se visibiliza claramente en Buenos Aires, pero en algunas provincias del interior la situación es aún más grave. Resulta complicado conocer los datos generales a nivel país porque no todas las provincias cuentan con colegios o asociaciones que nucleen a estos profesionales.

En Misiones, por ejemplo, hay 84 fonoaudiólogos matriculados para una población general de 1.175.000 habitantes, lo cual da un valor de un fonoaudiólogo cada 14 mil habitantes.

Otro caso similar constituye la provincia de La Pampa, con una población de casi 400 mil habitantes y 120 fonoaudiólogos matriculados, según la Asociación de Fonoaudiólogos de La Pampa. Cabe destacar que en esta provincia solo el 50% de los profesionales se dedica al área de salud, y el 50% restante desarrolla su actividad en el área de educación, con lo cual la proporción de profesionales en hospitales y consultorios es de uno cada 6.600 habitantes.

En Salta existen 640 fonoaudiólogos matriculados, de los cuales solo hay 400 activos. En esta provincia hay un fonoaudiólogo cada 3.300 habitantes. (Fuente: Colegio de Fonoaudiólogos de Salta). En contraste, Córdoba y Santa Fe son provincias con menor déficit, quizás por contar con la carrera de Fonoaudiología en sus universidades. En Córdoba, la proporción es un fonoaudiólogo cada 950 habitantes.

Aumentan las patologías. La baja de profesionales fonoaudiólogos no se trata solo de la falta de mano de obra, sino también del aumento de la frecuencia de patologías que afectan a la comunicación y al lenguaje infantil, y de la existencia de una mayor alerta médica a la hora de derivar los niños a consulta.

Veinte años atrás, raramente un niño era enviado al fonoaudiólogo por ausencia o retraso del lenguaje antes de los 3 o 4 años. Hoy las consultas se inician, en promedio, a los 2 años. En relación a las patologías que muestran un crecimiento notable en el último tiempo, los Trastornos del Espectro Autista, tenían una tasa de frecuencia de uno o dos/mil hace 25 años, actualmente la frecuencia es de uno/ 66. Por su parte, los trastornos del lenguaje constituyen otro grupo de dificultades con una alta frecuencia presentación. Según estadísticas internacionales, afecta al 7% de la población infantil; estos niños suelen presentar problemas no solo para expresarse sino también para comprender el lenguaje y para desarrollar habilidades sociales y académicas.

Sería deseable que en el corto plazo las nuevas generaciones elijan esta carrera, porque cuenta con una amplia variedad de posibilidades y un campo laboral fecundo para el desarrollo profesional y personal.

Fuente: Perfil