Mi rotación en la Clínica Universidad de Navarra (CUN) fue una experiencia que jamás olvidaré.

Nunca pensé en hacer un intercambio internacional, y las veces que la Universidad nos lo había propuesto, lo veía como algo muy complicado y que no era para mí. Sin embargo, a comienzos de 2017 nos dieron la posibilidad de postularnos a la Beca Santander Río. Apliqué para la misma y, para mi sorpresa, la obtuve. Fue una gran alegría, y una experiencia que marcará para siempre mi formación.

Gracias a la beca, y a mi trabajo como enfermero en el Hospital Universitario Austral, pude costear los gastos del intercambio. Con la beca, cubrí los gastos más importantes como el pasaje aéreo a España, el alojamiento y la comida. Y con los ahorros por mi trabajo, cubrí viajes a otros destinos. Así, pude realizar una rotación de carácter práctico durante un mes y medio, y destinar otro período similar a conocer distintos lugares de Europa, haciendo un mix ideal entre lo académico/profesional y lo turístico.

Mis prácticas en la CUN fueron extraordinarias. Desde un principio, tanto la gente de la Universidad de Navarra (UNAV), como el personal de la CUN me recibieron con la mejor predisposición intentando ayudarme en todo lo que estuviera a su alcance.

La primera parte del intercambio consistió en una rotación de tres semanas en el área de Oncología. Esta asignación fue optativa y de acuerdo a mi decisión. En mi caso, la elegí  porque siento afinidad y un gran interés por los pacientes con estas afecciones. La segunda parte consistió en otras tres semanas, pero en la unidad de Cuidados Críticos, área obligatoria debido a las asignaturas que estaba cursando en Buenos Aires. De ambos sectores me llevo muy buenos recuerdos, experiencias y enseñanzas profesionales que, sin dudas, cambiarán mi mirada para con el paciente.

Los primeros días fue los más complicados -gente nueva que no te conoce-, por lo que tu intervención con el paciente es reducida. Pero nada que con el correr de los días no se pueda cambiar, a medida que vas ganando terreno y se aprenden nuevas prácticas que hacen que te ganes la confianza de las enfermeras.

Por otro lado, el idioma, que es el mismo, se habla distinto. Se usan expresiones distintas y hasta significados distintos con una misma palabra, por lo que, aunque sea difícil de creer, la comunicación se complejiza; pero, nuevamente, con los días, uno se hace la forma de hablar y comunicarse con las personas.

También muchas cosas se hacen de distinta manera a como lo hacemos en Argentina, a veces para bien y otras no tanto. El intercambio me sirvió para ver cómo estamos posicionados en nuestro sistema de atención sanitaria; imitando todo lo bueno y reflexionando sobre las acciones que no parecieran ser tan beneficiosas.

Todas estas cosas le dan un gusto distinto a las prácticas, y te dejan una enseñanza extra. Si bien en Buenos Aires aprendés un montón en cuanto a lo práctico, estos condimentos de las prácticas en el extranjero te dejan algo más, aprendiendo mucho de los profesionales, tanto a nivel laboral como en lo personal. Una experiencia que, sin lugar a dudas, le recomiendo a cualquier estudiante o graduado.

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